Adolescencia

La adolescencia

A partir de los 14 años podemos considerar un adolescente a nuestro hijo/a, aunque es muy difícil delimitar el principio y final de esta etapa. Va a depender  de las diferencias individuales, de la madurez física y sexual. El rasgo principal es el cambio, la transformación, la necesidad de realizar aprendizajes vitales para años posteriores. La adolescencia es un período con entidad propia y definida dentro del ciclo de la vida. El adolescente no es una persona hecha de trozos de niño y de futuro adulto, sino que es una persona que utiliza selectivamente su anterior experiencia para resolver problemas nuevos.

La adolescencia supone una crisis, entendida ésta como una crisis de crecimiento, como un período de adaptación a una nueva edad. El adolescente es un ser enfrentado por primera vez a tres interrogantes vitales:

 

¿Quién soy yo?

¿Qué quiero?

¿De qué soy capaz?

 

El adolescente está intentando valerse por sí mismo, por eso necesita tomar distancia de los padres-madres y reconsiderar la validez de sus reglas. No se revuelve contra ellos, sino contra sus propias incertidumbres. Necesita conservar aquellos aspectos que ha ido incorporando mediante la observación, imitación y deseo de ser como los padres y eliminar aquellos otros aspectos que ya no le sirven, para poder adaptarse a la nueva etapa vital, asimilarla con éxito y como consecuencia “crecer”.

 

Muchos padres-madres de adolescentes temen esta etapa de la vida de sus hijos/as por errar en lo qué la adolescencia es verdaderamente y caen en un autoritarismo innecesario, en la incomprensión, la intolerancia, la impaciencia…. Conciben la adolescencia de sus hijos/as como una etapa negativa, entorpeciendo de este modo las nuevas capacidades de reflexión, de razonamiento, de sentido crítico, de autonomía moral, de intimidad, etc., de sus hijos/as.

 

¿Cuáles son los planteamientos paternos erróneos que llevan a este tipo de actuación? :

  • Ver la adolescencia como una edad turbulenta donde se suceden cambios dramáticos, con grandes conflictos y de profundos sentimientos.
  • Ver la adolescencia como una edad difícil protagonizada por “rebeldes sin causa”.
  • Ver la adolescencia como una especie de enfermedad, transitoria en el mejor de los casos.
  • Ver la adolescencia como un problema familiar, personal y social.

 

Es necesario concebir la adolescencia como una etapa específica de la vida humana, con características muy definidas, para poder atender y actuar sobre las necesidades psicológicas de nuestros hijos/as adolescentes, contribuyendo así a su desarrollo como personas adultas sanas y autónomas. La acción pedagógica con los adolescentes debe encaminarse en la dirección de invitar al esfuerzo personal que se oriente en una continua superación de sí mismo.

 

En la adolescencia se desarrollan capacidades nuevas y decisivas para el desarrollo de la personalidad:

  • Se descubre el yo
  • Nace la intimidad
  • Se forma la identidad personal

 

El descubrimiento del yo tiene su origen en la etapa infantil de los 2 a los 3 años, donde se descubre la autonomía y el sentido de persona diferenciada del mundo exterior. En la adolescencia, el descubrimiento del yo tiene el matiz de ser un descubrimiento hacia lo que hay dentro de uno mismo, de modo que se obtiene una imagen y opinión de sí mismo y necesita encontrar algo que merezca ser estimado por sí mismo y por los otros. Nace de este modo la intimidad, como la necesidad de recogerse en uno mismo, de búsqueda de la soledad como síntoma de concentración en uno mismo y no como rechazo del mundo adulto o como inadaptación. Cuando el adolescente siente la necesidad de defenderse frente a la hostilidad e incomprensión adulta es cuando se puede dar lugar a un repliegue excesivo sobre sí mismo que desemboque en alteraciones afectivas.

El adolescente, en plena formación y revisión de su identidad, quiere ser original llamando la atención de los demás con determinada ropa y peinados, utilizando un lenguaje propio, con acciones exageradas que desprecian el peligro, revelándose contra la educación paterna, etc. Al descubrir que es diferente, necesita acentuar esa diferencia, necesita tomar distancia de la vida infantil y romper con valores paternos que ya no le sirven para adaptarse a su nueva situación.

 

En la adolescencia se consolida la identidad que nació en la infancia. El adolescente interpreta y estructura las experiencias personales del pasado y aprovecha todo esto para afrontar los retos de su vida presente y futura. La integración de los diferentes elementos de la identidad dentro de la personalidad es costosa y requiere bastante tiempo. Por ello, el adolescente necesita que se le conceda un tiempo de espera de la madurez.

 

Ser adulto supone estar capacitado para asumir las responsabilidades propias de la edad adulta, ser maduro biológica, psicológica y socialmente.

 

¨Las necesidades psicológicas de un adolescente son marcar las diferencias con respecto a los padres-madres, aunque esto suponga juzgarlos y oponerse a ellos, revelándose contra lo establecido e imponiendo un nuevo orden ideal a las cosas. Por otro lado necesita identificarse con los iguales, fomentando relaciones sólidas y cohesionadas, aunque eso signifique, en ocasiones, depender en exceso de su grupo de iguales. Finalmente, el adolescente necesita consolidar una visión más trascendental de la vida, interesado por la ética, la religión, el sentido de la vida, la filosofía, cuál es su lugar en el mudo, la muerte…

 

Consejos:

– Respeta sus creencias y valores, su sentido de la vida. Respeta sus emociones. Es muy importante por esa visión más trascendental que tiene del mundo en el que vive.

-Es necesario que, como en el caso del preadolescente, tenga su propio espacio personal, su intimidad, porque desde ella descubrirá su identidad personal.

– Hay que dejar que el adolescente tome sus propias decisiones, aunque aconsejándole. Es adecuado aquí utilizar una técnica de solución de problemas basada en el modelo democrático.

– Equilibra su libertad, es decir, tu hijo/a necesita orden y control a la vez que tomar decisiones y tener intimidad. Tu hijo/a debe saber qué se espera de él, pero también tiene que tener una idea exacta de lo que acontecerá cuando no cumpla tales expectativas. Así sabrá a qué atenerse para ejercer su libertad. Recuerda el modo de proceder de un padre-madre democrático.

-Tienes que prevenir a tu hijo/a contra modelos de identificación mostrados en los medios de comunicación, como rebeldes.

– Enseña a tu hijo/a a ser asertivo (a saber decir NO). Esto es muy importante para el tema de las drogas. Hay que educar en torno a las drogas, informarles sobre este tema. Debemos tener cuidado con los modelos que les estamos enseñando en casa con respecto al tabaco, que habrá que disminuir el consumo, y con respecto a alguna bebida alcohólica que consumamos. Lo imitan todo.

-Es importante también educarles sobre diversos grupos, como los raciales.

-Recuerda que hay que estar abierto a tener conversaciones más trascendentales y no imponer puntos de vista, respetar las opiniones de ese hombrecito / mujercita que tienes en casa.

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