celos en la infancia

LOS PADRES/MADRES DEL “PRINCIPE DESTRONADO”

De nuestra actuación como padres/madres depende que el problema de los celos infantiles se resuelva de modo saludable o se prolongue más de lo necesario. Lo primero que debemos es aceptar los celos de nuestro hijo/a para ayudarle a superarlos y comprender sus sentimientos.

El niño/a celoso es un niño/a estresado, es decir, angustiado, desasosegado, ansioso, que sólo se siente mejor cuando aparta al rival de su lado y se acerca a la persona deseada. Es consciente de la posibilidad de recuperar el afecto perdido y por tanto su lucha permanente se encamina en esa dirección.

 

Antes de la llegada del nuevo hermano/a:

 Es preciso proporcionar explicaciones adaptadas a la edad del niño/a en cuanto al embarazo, parto y llegada a casa del nuevo miembro.  Especialmente a partir del segundo mes de embarazo y siempre que sea posible, deben participar los dos padres en las conversaciones sobre el tema con el niño/a. Las explicaciones han de ser veraces y breves, para no confundirle  y no se le debe decir si el bebé será niño/a o niña si aún no se sabe con certeza, para evitar frustraciones.

Involucra al niño/a en la llegada de su hermanito/a compartiendo con él/ella la experiencia de la espera del bebé, que ayude a decorar su habitación, que note las pataditas de su hermano……

Con la llegada del nuevo hermano/a, la estructura familiar cambiará sin duda para dar cabida a éste. No obstante, se ha de promover una idea de globalidad familiar, transmitir que el nuevo hermano/a será un elemento más de la familia, a quien hay que querer y cuidar y evitar las expresiones de “el niño/a de papá o mamá” para referirse al hermano/a que viene en camino. En su lugar es bueno utilizar el pronombre “nuestro” o “nosotros” para referirnos a él.

Es positivo visitar a amigos con recién nacidos. De este modo se familiariza al niño/a con los bebés y con los comentarios de los adultos hacia estas preciosas personitas.

Leer libros sobre la llegada de un nuevo hermano/a para ayudarle a expresar sus preocupaciones y sus dudas y explicarle de un modo gráfico lo que supone tener un hermanito/a.

Procura mantener las pequeñas rutinas y hábitos diarios del niño/a para evitar problemas de conducta asociados a la alteración de esas rutinas.

 

Cuando nace el hermanito/a:

El niño/a debe visitar a la mamá y a su hermanito todos los días que ambos estén ingresados, si el hospital lo permite. Haz que tu hijo/a coja en brazos a su nuevo hermano/a. Si no es posible que el niño/a acuda al hospital hazle llegar fotos de su hermano/a, deja que te mande dibujos al hospital, habla con él por teléfono y hazle saber que estás bien.

Es bueno que la primera vez que el niño/a vea a su hermano no sea en brazos de su madre, permitiendo que sea él quien lo acaricie. Ayúdale después a tomar en brazos a su hermano/a, explicándole cómo se hace.

 

Enseñar a convivir:

Refuerza los comportamientos positivos de cooperación, afecto, cuidado del niño/a, mediante elogios, atención, abrazos ….. refuerza de una manera inmediata a la conducta del niño/a de un modo  proporcionado de acuerdo al comportamiento que se está reforzando.

Ignora las conductas celotípicas.

Si no hay más remedio, castiga la conducta negativa del niño/a explicándole siempre porqué le castigas y qué es lo que debe hacer para comportarse correctamente y dale la oportunidad de que el niño/a pueda ejecutar la buena conducta e inmediatamente a ésta refuérzale.

 

Compartir el afecto:

Hay que enseñar al niño/a a compartir el afecto de los padres con su hermano. Explicarle que no se trata más que de una redistribución del tiempo y atención destinada a cada uno. Decirle que le queremos, que no hemos dejado de quererle. Ahora queremos a los dos. Explicarle que no le desplazamos, que él sigue teniendo su lugar, el suyo, diferente al de su hermano.

 

¿Se debe dar el mismo trato a cada hijo?

La respuesta a esta pregunta es claramente: NO. No se es justo por tratar a los hijos/as igual, porque cada hijo/a tiene necesidades diferentes, se encuentra en etapas diferentes y por lo tanto, requiere un trato diferente. Cada hermano/a tiene que aprender que es diferente, independiente, y como tal se le trata. Si no es su cumpleaños no tiene que recibir regalos, los tendrá cuando llegue su día. Y los regalos serán diferentes de acuerdo con los gustos de cada hijo/a. Nuestra actitud tiene que dejar bien claro que no los queremos iguales, que queremos a cada uno por él mismo, no por ser como el otro.  A los hijos/as se les debe dar las mismas oportunidades, pero no la misma educación, porque no hay dos niños/as iguales y porque la actitud y predisposición de los padres/madres son distintas de un hijo/a a otro.

Establece reglas y otorga privilegios de acuerdo con la edad, sexo y resultados.

Anima los intereses individuales. No insistas para que el hermano/a pequeño/a haga todo lo que hace el mayor, que cada cual siga sus propios intereses y horarios.

 

Las comparaciones

No se debe comparar a los hermanos, sino que hay que ayudar a cada uno a hacer lo que no hace y puede hacer; pero porque lo puede hacer, no porque lo haga su hermano. Cada uno tiene que dar de sí todo lo que pueda, pero ninguno tiene que ser igual que otro. Cuando uno de los dos sabe hacer algo y el otro no, el que no sabe tiene que aprender, pero no imitar. Rara vez la comparación entre hermanos sirve para superarse, sino que lo que se consigue es fomentar y agravar la rivalidad fraterna. Hay que valorar a cada niño/a individualmente, ayudándole a fomentar sus puntos fuertes y a hacer frente a los débiles.

Enfatiza las ventajas de ser mayor, mostrando la cantidad y variedad de experiencias que la edad ofrece. De este modo, se diferencia a los hermanos de una manera saludable fortaleciendo la individualidad y alejando las innecesarias comparaciones.

Reserva tiempo para el hermano/a mayor, un tiempo de calidad, donde se le escuche sin interferencias, donde  se satisfagan sus necesidades emocionales, sin enfados, ni irritaciones.

Elogia en lugar de comparar.

Reconoce  todos los éxitos de tus hijos/as para que se sientan orgullosos y a gusto los unos con los otros.

 

El control de los celos

Los celos se superan lentamente, siempre que los padres/madres sepamos intervenir sin agresividad. Al niño/a que pega o insulta a su hermano pequeño, hay que hablarle claro, pero sin reproches. No debemos regañarle sin control y consolar exageradamente al agredido porque provocamos más celos. El niño/a necesita que le enseñemos a no pegar ni insultar a su hermanito/a, mediante el diálogo tranquilo y controlado, pero con un criterio firme: no se puede pegar y si pegas no puedes estar con él/ella. Ser separado es algo que no les gusta, porque el motivo de sus celos es también su compañero de juegos y disfruta cuando juegan juntos, aunque se peleen a menudo.

No actúes siempre de mediador en las disputas de tus hijos/as, enséñales en cambio, a resolver sus conflictos, ya que discutir puede ser una de las formas del niño/a para llamar la atención. Las disputas menores ignóralas manteniéndote fuera del conflicto.

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